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categoría | textosPintura y escultura
2011-01-28

Mario Abreu, delta de Venus



                                                                                                                                       A Francisco Da Antonio dedico

Luego que le confirieran en 1951 el Accésit al Premio Nacional de Pintura por su obra El Gallo, Mario Abreu viaja al año siguiente a París, tiene entonces 33 años, deja tras de sí las vivencias algo difíciles de una humilde familia en su Turmero natal, y los recuerdos de su madre Georgina y su madrina también de crianza Amelia Borges. Retendrá también en su memoria cuando en 1938 se instala en Los Flores de Catia y se desempeña sobre una bicicleta como repartidor de la Bodega Rojas; ya para ese entonces la hermosa Laguna de Catia de aguas cristalinas en cuyos márgenes se distinguían una espesa neblina y una hilera de empinados y frondosos arboles, que en los años veinte fotografiara de una vez y para siempre la lente de Domingo Lucca; años después de esta gráfica la laguna fue reducida a una pantanosa ciénaga y sus orillas ya daban muestra de ser usurpadas y olvidadas por sus habitantes. Hacia 1940 el artista se encuentra bajo la tutela de las consejas de los viejos maestros de la Escuela de Artes Plásticas, Rafael Monasterios, Pedro Angel González, Marcos Castillo y el gran Antonio Edmundo Monsanto de quienes pudo ver en láminas de color por vez primera la geometría esencial en las obras de Cézanne y algunos rasgos derivados del cubismo. Son tiempos apacibles para el joven estudiante, que luego de su egreso de la Escuela, no tardará en comenzar a complicarse en la medida que la pintura le fuera exigiendo un mayor compromiso y lo instara a la toma de una postura frente a los itmos plásticos.

El momento decisivo tuvo lugar a través de su incorporación desde su apertura en 1948 al Taller Libre de Arte donde algunos eventos como la Exposición Panamericana de Pintura Moderna que se exhibió en el Museo de Bellas Artes, traída por José Gómez Sicre; el Festival de Danzas y Canciones Populares de Venezuela, organizada por Juan Liscano en el Nuevo Circo de Caracas, la exposición de Arqueología Venezolana en el Museo de Ciencias Naturales, a cargo del artista y arqueólogo José María Cruxent; la activa presencia del novelista de Alejo Carpentier quién publica El Reino de este Mundo, así como las obras de José Clemente Orozco y del pintor cubano Wilfredo Lam que son apreciadas por algunos miembros del Taller, entre los que se contaba Mario Abreu. A lo largo de la breve pero fructífera existencia para el arte contemporáneo del Taller Libre de Arte, las conexiones con lo telúrico, lo ancestral, las fuentes de las producciones prehispánicas, y el acercamiento a lo popular, donde incluso se identifica al pintor Feliciano Carvallo, hicieron posible la creación de un clima proclive a la identificación e indagación de los ancestros culturales y étnicos propios como nunca antes habían sido valorados.

Estas experiencias generaron en el artista la creación de innovadoras y sugestivas telas como las telúricas Catedrales Vegetales, El Gallo y los radiantes Girasoles, compuestas entre 1950 y 1952, que lo acreditarán más tarde como una de las figuras de mayor dimensión y originalidad dentro del arte venezolano de todos los tiempos. Las lecturas y propuestas que nos han dejado sus obras siguen siendo tan provocadoras como infinitas, prueba de ello, es el tema de la figura femenina, ya que sería para el artista una turbadora invocación, encarnada de pasión y fuerza. Abreu no vería la figura de la mujer como criaturas ordinarias, sin ningunas cualidades poéticas propias, su visión alcanza a entenderlas como heroínas de proporciones míticas, sus exploraciones lo llevan a desvelar los temas de la naturaleza femenina. Como un inagotable devoto, nos ha proporcionado una auténtica iconografía de los más profundos atributos de la mujer.

Los primeros acercamientos al tema de la feminidad sería a través de motivos convencionales como Dama en el Sillón, La Pianista, ejecutadas entre 1946 y 1949 en su taller de Los Flores de Catia, o el severo retrato al carbón de su madre Georgina Abreu, son motivos de sus recuerdos más próximos y de mujeres auténticamente reconocibles y terrenales, pero a medida que avanza por el tránsito de sus vivencias, comenzará paralelamente a manifestarse un cosmos de atemporales figuras femeninas.

Ya en la capital francesa comienza la reconstrucción de su lenguaje plástico sobre las bases emprendidas por el Taller Libre de Arte. En esta ciudad el artista detenta convertirse en una figura de primer orden, pero para su sorpresa, su raigambre y la reciedumbre de estas tierras le traicionan, como el mismo artista confiesa “Tenía la intención de conquistar París, pero resulta que conquisté a América” 1) Ciertamente, Abreu tras experimentar el inmenso estremecimiento en el Museo del Hombre, donde la etnografía viva de culturas se haya ante su vista y revalorizada a términos estéticos, máscaras y danzas africanas y los rasgos de la América fetichista. Esta experiencia refuerza en el artista al determinismo de proseguir al encuentro con sí mismo y a ese vasto territorio de mitos de América, en la certeza de que su ímpetu le conduce por buen camino, este encuentro sellará en forma definitiva la reafirmación del lenguaje del artista. París, no obstante, en términos formales significará el logro de un refinamiento en el tratamiento de la ejecución pictórica, en un ordenamiento del lenguaje, además de un natural enriquecimiento de su cultura visual.

Al mismo tiempo, será el escenario para la primera desazón amorosa, Suzanne una joven y hermosa escritora que el artista incorpora en una obra que por su autenticidad y significación se inserta dentro de la escena continental titulada la Dama Vegetal. En ella concibe representar la gran feminidad americana; es la imagen de la madre naturaleza en esencia pura, virgen y exuberante, la figura de la mujer yace postrada plácida, ataviada de arlequín y constelaciones multicolor, en medio de una tórrida floresta de celestes, amarillos y rojos girasoles, fecundas de polen para ser copuladas, abiertas, entregadas al misterio de la creación. La figura en su canto sinuoso de la selva emana una sensual armonía, es la receptora instintiva del misterio y el poder; al fondo de la composición una medialuna parece tener dominios sobre la Dama.

Tras la abrupta ruptura con Suzanne, que el pintor nunca consentirá en olvidar, significará que este frustrado acorde de la marcha nupcial, de algún modo dará lugar a un imaginario y extenso vocabulario plástico sobre el tema de la feminidad que hará presente a lo largo de toda su trayectoria. La imagen de Suzanne se transmutará en colorido arlequín, en mujer pájaro, en figuras vegetales y otras tantas efigie de diosas y demonios. Sobre el trance de abatimiento del artista Francisco Da Antonio describe su situación; “Luego vendrá lo inevitable y el pavoroso derrumbamiento interior en tanto que la lucha por salvarse y por sobrevivir ocupa cada segundo de su tiempo. Acosado, combatiendo la miseria espiritual de los rendidos; como un “clochard”, bajo los puentes, atrapado como un pez en la malla enceguecedora de París; defendiéndose, buscándose.” 2) En esta misma ciudad pintará otras telas fundamentales como la dramática herida que irradia la abatida agonía del Toro Constelado, obra que al decir de Elsa Flores tiene “una extraña relación con la aurora del arte, con esos bisontes y esos toros de Altamira y de Lascaux de los que parte el primer matrimonio entre arte y magia, y más aún, el nacimiento del arte a través de la magia.” 3)

Otra obra de excepción sería Las Tres Gracias, las deidades paganas que personifican la belleza son ejecutadas al igual que Toro Constelado, con una infinita sucesión de puntos de color, cada una de la trinidad femenina lleva sobre su cabeza pesados tótems que irradian halos de luces de constelaciones y El Cristo Azul imagen de profundo dramatismo que no dista mucho de la atractiva seducción que el propio pintor confiesa sentir “Pienso que cada estilo es una verdad. La mía, tal vez en ocasiones esté un poco influenciada por el mundo de Jerónimo Bosch. Pero siempre trato de enraizarla en América” 4) En efecto, la obra impregnada de la atmósfera de imaginería exuberante del pintor Flamenco, inspira una mirada apocalíptica en el pintor, en el centro de la obra domina la crucifixión de un desconsolado Cristo y a un extremo de éste, como oscuras sombras las figuras del hombre y la mujer que miran atónitos la febril luz del sacrificado y el enorme estrépito de la multicolor y pagana diablería danzante, más abajo la figura de la mujer pecadora que se precipita al vacío por su lascivo proceder, le siguen de cerca aves y otros extraños animales, figuras de petroglifos, catedrales vegetales que junto a toda esta holocausta visión domina un refulgente amarillo abrasador. En esta suprema y grave mirada Abreu enfatiza la fragilidad terrenal del hombre y la mujer.

Además de estas telas, acometerá una gran cantidad de dibujos, 80 de estos ejecutados a lápiz, tinta y la aguada, hasta ahora inéditos realizados entre 1953 a 1958, y conservados por sus deudos, algunos de los cuales aparecen incluidos en esta exhibición. Estos trabajos conforma un cuerpo que da cuenta precisa del clima de inquietudes por las que atravesaba el artista entonces. Son dibujos de espléndidas aves consteladas, gallos tropicales, diablos danzantes, soles y medias lunas, máscaras de rasgos negroides, sillas con orlas vegetales y florales, catedrales y un soberbio Autorretrato de introspección y altivez. Estos trabajos certifican que a lo largo de ese periplo, Abreu estuvo consciente del hallazgo de esa fuerza primigenia, de las conexiones con lo ancestral y lo popular, sin que por ello signifique una renuncia con la contemporaneidad, temas que confirman también el culto de sus antiguas proposiciones de la época del Taller Libre. De este sólido conjunto que corresponde al tema de la feminidad está la macilenta figura de Le Pupé, La Novia y Dama de Hueso, obras de una desdichada condición conmovedora y solitaria, acaso correspondan a reflejar el estado anímico del pintor. Las aproximaciones al tema de la maternidad se aprecia en el dibujo a plumilla La Madona y en la composición La Gran Maternidad Americana de 1954, pintada también en París, en cuyas secuelas se advierten rasgos de un pintor “primitivo” e influencias claramente mexicanas.

Con atributos distintos Abreu pinta mujeres de cuerpos robustos y carnales, mujeres que respiran anhelos de pasión sexual, algunas con miradas fijas e impotentes ante los poderes del varón, otras peligrosamente indignadas y llenas de rebelión emocional. En esa búsqueda por desentrañar lo femenino no ignora la imagen fetichista de la pasión y fuerza del erotismo, siente especial fascinación por los desnudos voluptuosos, de pechos gustosos y erguidos, son mujeres salvajes, pintadas en una sinfonía del deseo, lanzadas a los brazos del pecado y la lujuria, buscando conseguir una satisfacción lasciva como se puede ver en los dibujos Desnudo en seda, Dama dorada, Angélica y la rueda cuyas amplias curvas de sus muslos y su torso de Venus expresan su candorosa pubertad, y en Los Amantes la insinuante danza amorosa de la pareja presagia un eminente acoplamiento. Estas jóvenes lucen una variedad de poses seductoras e insaciables de satisfacción; son hembras peligrosas, capaces de hacer del hombre más probo un niño bobo, convirtiéndose así en dulce verdugo. El dibujo de la desnuda Odalisca agitando su cintura en el estremecimiento contínuo, escenifica la danza del vientre.

No podría estar ajeno también a otro elemento simbólico demasiado atractivo para Abreu como fuera el vínculo de la mujer con la luna, pues en esta búsqueda terminaría descubriendo los símbolos de las cualidades lunares arquetípicas de la mujer, como la aparente vinculación física de las faces lunares con el ciclo mensual de la mujer o la redondez de la luna con sus formas circulares. En muchas de sus obras como La Dama en oro y Búho en oro aparece ésta como la hija natural de la luna o como su diosa, afectando su emotividad creciente y menguante adueñándose de los deseos de la evanescente luz de la noche.

Las mujeres de Abreu poseen alas de mariposas y otras despliegan alas extrañas, que no parecen servirle para remontar vuelo, su vasta iconografía de mujeres aladas se rastrea en el mito de Cupido y Psique, otras veces personifican mujeres cisnes mitad humana, mitad animal como en Dama alada y Dama emplumada. En ocasiones elegía pintarlas desnudas con alas de esfinge en nocturnas situaciones de seductor misterio como el regio dibujo Sin Título sobre cuya cabeza la figura agita un esplendoroso penacho, lleva sus sinuosas alas extendidas y a su lado una equinoccial vegetación se convulsiona en medio de la noche. Las damas vegetales representan a la figura de la mujer como la madre naturaleza en su estado más elemental, Flora y Arlequín, y Desnudos Vegetales responden como diosas del interior de la tierra y la fertilidad. El artista pretende que la mujer séa vista como la personificación de la vida vegetal y del ciclo de las estaciones, la mujer como una flor más, como una entidad con forma de planta; son damas de estado primaveral, que crecen del suelo fuertes y sanas, como abrigo de semillas para la concepción, como virtuosas vírgenes de la tierra abundante y plena; la mujer con útero cálido y acogedor, como encarnación del símbolo universal de la naturaleza que tiene el poder de triunfar en este supremo reino.

Dama de la Noche personificación a la mujer con la serpiente en cuya representación Abreu trabajara intensamente abriendo un extenso abanico de lecturas como la Eva selvática y encantadora de serpientes, imágenes que se identifica con los mitológicos poderes hipnóticos de la Cabeza de Medusa. Ante los ojos del varón la mujer en íntima comunicación con la serpiente representaba el pecado y la perversidad. Basta recordar el pasaje bíblico según el cual la mujer en colaboración con el ofídio entrega a Adán la letal manzana, la serpiente resbaladiza que se enrosca alrededor del cuerpo terso y desnudo, mientras el pitón eriza con gracia serpentina el cuerpo de la mujer.

Toda esta vasta obra de Mario Abreu no pudiera explicarse si no se toma en consideración los orígenes de su medio social en el Turmero marginal de su infancia, que le permitieron el acercamiento y adhesión a su piel de la imaginería popular venezolana, llena de mitos, de fetiches con tabacos, amuletos, velones y ofrendas que se dan por igual al piadoso José Gregorio Hernández, al indio Guaicaipuro o la sacerdotisa del mundo vegetal María Lionza. Estas vivencias se unirán incontestablemente como lo hemos señalado al ambiente encontrado en su paso por el Taller Libre de Arte. Luego vendrá París, con su aire cosmopolita donde reafirmará sus hallazgos de otrora en el Museo del Hombre. Pero no sería del todo comprensible su obra sin atender la fascinante personalidad compleja y contradictoria del artista, la cual no ha sido considerada hasta la fecha. Del origen de su personalidad paradójica diría “He arrastrado toda mi vida esa seriedad profunda que me dio mi madre y ese humor que me dejó mi padre” 5)

No hay que olvidar también las situaciones satíricas, las copulaciones con muñecas imaginarias, el erotismo desenfrenado que en muchas ocasiones en la intimidad de sus más allegados, Abreu, sin inhibiciones, expresaba abiertamente. Situaciones de humor lascivo, dramatizaciones, emulaciones reveronianas, bailes libidinosos, facetas escasamente consideradas de su personalidad, pero que sin duda pone de manifiesto la febril atracción que sentía el maestro de los conjuros por la mujer y sus misterios. Sus amigos con quien gustaba compartir fueron siempre los poetas, que en sus propias palabras dice “son los más próximos un estado de revelación del inconsciente” 6) muchos de ellos miembros también de las tertulias encantadas de la República de Este, allí el pintor encontraba un fecundo espacio para la conspiración, las pasiones delirantes, los absurdos y contrasentidos salpicados de licor espirituoso del diletante y más puro surrealismo. Juan Liscano cautivado por su personalidad lo describe fehacientemente “su autenticidad existencial, su viveza criolla, sus aires de piache, su imaginación, su ingenua frescura, su franqueza y don de fabulación” 7)

Tras una feliz experiencia personal ocurrida en 1979, me llevaría a profesarle por siempre una gran admiración. Cierto día lo invite a un Velorio de Cruz de Mayo en el Museo Armando Reverón, donde le insté a preparar unas breves palabras en torno a la ocasión. Llegado el siguiente día, le pasé buscando por Marapa y juntos nos dirigimos al Museo, entramos al sagrado recinto amurallado de piedras y su espeso jardín y en medio de músicos, vecinos y amigos, Mario sacó un papelito de su camisa, el cual comenzó a leer con aires de solemne rima poética, a medida que la lectura avanzaba, su voz se hacía más entrecortada por la crepitante emoción; al finalizar su intervención, los recuerdos al viejo maestro de los soles de Macuto hicieron verberar de nostalgia sus ojos.

Todas estas expresiones más allá de la anécdota y el humor, dicen mucho de la personalidad impetuosa y profundamente sensible del pintor, al telúrico arraigo vivencial que configuraron una de las más osadas aventuras plásticas y una de las personalidades más contradictorias y potencialmente originales de las artes plásticas venezolanas de todos los tiempos. En efecto, su naturaleza vital se ve claramente expresada en una inconfundible impronta de fiero dibujo, el trazo beligerante, la fuerza expresiva por encima de todo. Muchos rescoldos de su viva personalidad quedan por dilucidar, no obstante, quienes tuvieron la fortuna de conocerlo más cercanamente apreciaron su naturaleza vital. Refiriéndose sobre su propia visión de artista señala “Yo, Mario Abreu, soy el comienzo y el fin de mí mismo. Yo, Mario Abreu, no estoy determinado por ninguna frontera. Ni voy a pelear por ella. Mis armas no están conformadas ni precisadas con ninguna marca. No estoy clasificado en ninguna máquina computadora” 8)

Al igual que en la pintura, el dibujo y las novedosas proposiciones como lo fueran a partir de la década de los 60 los Objetos Mágicos, el artista alcanzará un espacio libérrimo para su creación; de nuevo los temas recurrentes dedicados a la feminidad saldrían a relucir, pero con más bríos y fuerzas renovadoras, “decidí a entrarle a lo ritual, lo mágico, la religiosidad popular, a penetrar las tradiciones negroides, indígenas de mi tierra” 9) Ciertamente el ritual, la santería y “lo mágico” serán el péndulo donde pivota toda esta sugerente producción poética, que no sólo abraza lo popular y lo universal, sino una incomparable visión ecuménica que le permitirá trascender los fundamentos de su obra “traté de buscar dentro de las tradiciones de los pueblos, una razón mía. Y una razón permanente de la existencia del hombre. Algo que comparara una profunda necesidad del hombre de una elevada espiritualidad” 10) En el trabajo titulado Senos Prohibidos, el artista tras una elaborada combinación y asociación de diversos objetos coloca unas plateadas cucharas; debajo de éstas, largos clavos oxidados con llamativos puntos blancos, en los extremos, velas moradas, chapas, circuitos eléctricos y la amenazante navaja entreabierta y al fondo del conjunto, el llamativo rojo del faro de peligro. En la obra El otro guante es amarillo figura una mágica campana plástica; el artista coloca el tiempo detenido de un reloj descompuesto, el ramillete de viejas flores de papel y de tras éstas el colorido guante lila, un intrincado follaje de líneas y círculos que parecen abrirse y cerrarse eternamente. Igualmente en Recuerdo de los años 20 la imagen de la hermosa figura de porcelana y la rosa evocan la memoria encantada de otros tiempos. Otros sugestivos temas que recuerdan pequeños altares o los tradicionales “velorios de angelitos” que se entrecruzan con los iconos cristianos, son al mismo tiempo para Abreu de naturaleza femenina como se aprecia en su obra Angel de la Creación.

Un año entero pasó Mario Abreu trabajando intensamente en Marapa, tras lo cual en 1985 en la Galería G expone Las Puertas del Reino, un conjunto esplendoroso de pasteles cuyo tema exclusivo es la mujer; finalmente el creciente interés por los motivos femeninos se imponen, se da rienda suelta con suprema celebración a lo que seguramente habría guardado en su interior por mucho tiempo, esa íntima necesidad y fantasía de pintar a las mujeres tal como él las percibe o quisiera verlas, es el momento de desnudar sus obsesiones.

En tanto que la Dama Vegetal se relaciona con la naturaleza, la flora y lo telúrico, las obras de la exposición son mujeres seductoras llenas de vida, más piel y más cuerpos desnudos; son hermosas doncellas que ligeramente cubren sus secretos pubis con hojas, lianas o encantadoras serpientes como el pastel Encantada donde la núbil figura está vestida de enredaderas, verde fulgor en cuyas espaldas llevan alas coloridas, transfigurada en mujeres pájaros o vegetales aves salvajes. Son mujeres surgidas de un mundo sobrenatural de una realidad distinta, de un imaginario colectivo atemporal pero siempre presente, en el que Abreu no es sólo el oficiante de estas deidades sino también su creador. Son obras notablemente distintas a la fiera característica con que el pintor acostumbra trabajar la figura. Referente a estas obras José Balza señala “evidencia de tantas mujeres jóvenes, sensuales, cuyo poder irradia desde la piel (cauta, valorada como una secreta masturbación), desde los senos, las piernas generosas; desde las nalgas exuberantes y el pelo. Fácilmente podríamos concluir al (sentirlas más que al) verlas, que en esos ámbitos lujuriosos, bajo cielos pigmentados, dentro de la selva y junto al mar, ellas participan de una suprema celebración, la de sí misma, la de libertad (del espacio, del destino).” 11)

Su última producción plástica de finales de los 80, llamada por el pintor “Estados Amorosos” se fundamenta esencialmente sobre la poética de lo femenino y su conexión con lo natural. Estas obras del maestro son de menor vigor plástico, no obstante, las imágenes alcanzan un inusitado lirismo y ensueño, como si la fuerza expresiva dura y voraz que le caracterizaba, ahora al final del camino, haya dado lugar a una profunda reflexión que lo condujera airoso al desvelar el gran misterio de la esencia femenina. En su obra de 1992 Ventanas Amorosas se observan mujeres de pálida tez que están inmersas en el clima apacible y afectuoso del Limbo; tomadas de las manos conversan, parecen acompañarse entre sí, flotan libres como ninfas de los bosques, con un toque de perpetua y alegre levedad atraviesan el paisaje en armonía, sus melenas son sacudidas por una ventisca que no parece turbarlas. Parecieran estar templadas de un lánguido y satisfecho brillo interior.

Los símbolos de otrora como maléficas aves, gallos solares y búhos, dieran paso a una suerte de síntesis y transformaciones, el búho que es el dueño de la noche sea transfigurado en aleteos de amorosas palomas o en aves de canto. La atmósfera de la obra se ha vuelto intensamente más clara, en medio de una tórrida arboleda con savia de fertilidad y verdes juncos, apetitosas frutas, huevos agrietados en espera del resplandor de la vida, rocas como habitad y hojas con expresivas venas, sirven de escenario a la trayectoria de las mujeres flotantes que parecen determinadas a recobrar las alturas de la trascendencia. Sobre las obras de estos años Katherine Chacón dice que “se evidencia el abandono de los colores, a favor de una atmósfera apastelada y de ensueño en la que se trasluce “un estado amoroso”, como el propio Abreu supo definirlo. Lo mágico cede paso a lo onírico, a la imagen proveniente de la íntima fantasía. La fiereza se tronca en forma delicada y sutil. Acaso el fiero mago que buscaba transponer los órdenes de la realidad ofreciéndonos obras que nos llevaran a conectarnos con lo verdaderamente trascendente, que buscaba “deveslar el acto mágico”, haya encontrado, al fin una manera de tocar al otro a través de “lo amoroso”. Quizás haya plasmado, entonces, este estado de beatitud, alejándose de la terrible angustia existencial, al sumergirse en la gozosa atmósfera de la armonía universal.” 12) Este breve recorrido a través de 40 obras expuestas, cuyo tema central es la figura femenina, nos muestran una faceta de las múltiples lecturas que nos a brindado la poética de sus creaciones, acaso responda a su deseo de mostrarnos un universo de realidades distintas, de esas que habitan en nuestra piel y los sueños.

Bibliografía

1)
Monsalve, Yasmín
De tierra es el Alma de Mario abreu En: El Nacional, Caracas: 31 de octubre de 1990 Tomado de: Mario Abreu Ceremoniales: Dibujos. Selección Retrospectiva: 1947-1987, Caracas: Fundación Museo Arturo Michelena, Febrero 1994, p.60
2)
Da Antonio, Francisco
Mario Abreu soles vegetales En: Revista Imagen, Caracas: suplemento n° 9, 15 al 30 de septiembre de 1967 Tomado de: Francisco Da Antonio, Textos sobre arte, Caracas: Monte Avila Editores, 1982, p. 279
3)
Flores, Elsa
Arte y magia en Mario Abreu En: Convergencias, Caracas: Monte Avila Editores 1983, p. 11
4)
Dice Mario Abreu, Mi pintura es una interrogante a Latinoamérica En: El Nacional, Caracas: 12 de julio de 1963 Tomado de: Mario Abreu Ceremoniales: Dibujos. Selección Retrospectiva: 1947-1987, Caracas: Fundación Museo Arturo Michelena, Febrero 1994, p.10
5)
Pulido, José
Se vende un alma barata: Favor preguntar por Marta Traba En: El Nacional, Caracas: 20 de mayo de 1985 p.55 Tomado de: Mario Abreu Ceremoniales: Dibujos. Selección Retrospectiva: 1947-1987, Caracas: Fundación Museo Arturo Michelena, Febrero 1994, p.10
6)
Da Antonio, Francisco
Mario Abreu según el mismo, Tomado de: Mario Abreu Ceremoniales: Dibujos. Selección Retrospectiva: 1947-1987, Caracas: Fundación Museo Arturo Michelena, Febrero 1994, p. 38
7)
Liscano, Juan
Recuerdos y vivencias de Mario Abreu En: Mario Abreu Exposición Antológica, Pintura y Objetos, Maracay: Galería Municipal de Arte, Maracay, 4 de noviembre 1990 - 6 de enero 1991, p.25
8)
Tovar, Betulio Jr.
Sólo nos queda la imaginación Tomado de: Mario Abreu Ceremoniales: Dibujos. Selección Retrospectiva: 1947-1987, Caracas: Fundación Museo Arturo Michelena, Febrero 1994, p.20
9)
Alvarenga, Teresa
Más importante el Museo del Hombre que el arte moderno En: Ultimas Noticias, Caracas: 12 de noviembre 1972 (Suplemento Cultural) Tomado de: Mario Abreu Ceremoniales: Dibujos. Selección Retrospectiva: 1947-1987, Caracas: Fundación Museo Arturo Michelena, Febrero 1994, p. 26
10)
Vestrini, Miyó
No busco lo mágico como abstracción sino como razón existencial del hombre En: El Nacional, Caracas: 30 de julio de 1971 Tomado de: Mario Abreu Ceremoniales: Dibujos. Selección Retrospectiva: 1947-1987, Caracas: Fundación Museo Arturo Michelena, Febrero 1994, p. 22
11)
Balza, José
Mario Abreu: el fiero (y dulce) instinto terrestre En: Las Puertas del reino Mario Abreu pinturas al pastel, Caracas: Galería G, junio 1985 p. 7
12)
Chacón, Katherine
Mario Abreu: lo mágico lo cósmico En: Homenaje al gran mago Mario Abreu: Exposición retrospectiva 1943 – 1992 Maracay: Museo de Arte Contemporáneo de Maracay Mario Abreu, mayo – junio 1994 p.12

                                                                                                                        

              

Douglas Monroy
Mario Abreu, deltas de venus
En: Mario Abreu la corte feminina, Caracas: Fundación Banco Provincial, octubre 2001